Cuando se diagnostica un tumor dentro del ojo, la pregunta no suele ser solamente cómo controlar la enfermedad. También importa si es posible conservar el globo ocular, mantener la mayor función visual posible y evitar tratamientos más agresivos cuando no son necesarios. La braquiterapia ocular en México es una alternativa de radioterapia localizada que puede formar parte de este objetivo en pacientes seleccionados.

Este tratamiento requiere una valoración por oncología ocular que integre el tamaño, la localización y el comportamiento del tumor, así como el estado de la retina, el nervio óptico y la visión del paciente. No todos los tumores oculares se tratan con braquiterapia, ni todos los casos candidatos obtienen el mismo beneficio visual. La decisión debe individualizarse con precisión.

¿Qué es la braquiterapia ocular?

La braquiterapia ocular es una modalidad de radioterapia en la que una fuente radiactiva se coloca temporalmente muy cerca del tumor. En oncología ocular, habitualmente se utiliza una placa radiactiva diseñada para adaptarse a la curvatura externa del ojo. La placa se fija sobre la esclera, que es la capa blanca ocular, en una posición calculada para dirigir la radiación hacia la lesión.

A diferencia de la radioterapia externa, la braquiterapia permite concentrar una dosis terapéutica en una zona delimitada. Su propósito es controlar el tumor reduciendo la exposición de estructuras oculares que no necesitan irradiarse. Sin embargo, la cercanía del tumor a la mácula, el nervio óptico, el cristalino o el cuerpo ciliar puede influir de forma importante en el pronóstico visual y en el riesgo de efectos secundarios.

El procedimiento se realiza mediante cirugía. La placa permanece colocada durante el tiempo establecido por el cálculo dosimétrico y, posteriormente, se retira en una segunda intervención. El tratamiento no termina al retirar la placa: el seguimiento clínico y por imagen es indispensable durante años.

¿En qué tumores puede indicarse la braquiterapia ocular en México?

La principal indicación de la braquiterapia con placa es el melanoma uveal, un tumor maligno que puede originarse en el iris, el cuerpo ciliar o la coroides. En muchos melanomas intraoculares de tamaño pequeño o mediano, y en algunos tumores de mayor tamaño cuidadosamente evaluados, la braquiterapia puede ofrecer control local con conservación del ojo.

También puede considerarse en circunstancias específicas para otros tumores intraoculares. Entre ellos se encuentran ciertos hemangiomas coroideos, metástasis intraoculares, tumores vasoproliferativos y casos seleccionados de retinoblastoma. Cada una de estas enfermedades tiene características biológicas, alternativas terapéuticas y objetivos distintos. Por ello, no es correcto asumir que una placa radiactiva será la primera opción solo por detectar una lesión dentro del ojo.

Por ejemplo, algunas lesiones pueden responder mejor a observación estructurada, terapia fotodinámica, láser, inyecciones intravítreas, crioterapia, quimioterapia local o sistémica, inmunoterapia, radioterapia externa o cirugía. En otros casos, la combinación de tratamientos es la estrategia más segura.

El diagnóstico define el tratamiento

Antes de indicar braquiterapia, es necesario confirmar que la lesión corresponde a un tumor y caracterizarla adecuadamente. La valoración puede incluir exploración oftalmológica con dilatación pupilar, ultrasonido ocular, tomografía de coherencia óptica, fotografía de fondo de ojo, angiografía y estudios de imagen complementarios cuando están indicados.

En sospecha de melanoma uveal, también se estudia la posibilidad de enfermedad fuera del ojo. Esto no significa que todos los pacientes tengan diseminación, sino que la oncología ocular responsable exige conocer la extensión real de la enfermedad antes de definir el plan terapéutico. La coordinación con oncología médica, radiología, patología y otras especialidades puede ser necesaria.

Cómo se planea el tratamiento con placa radiactiva

La braquiterapia no consiste en colocar una placa de tamaño estándar sobre el ojo. Requiere una planeación individualizada. Se calculan las dimensiones del tumor, su grosor, su diámetro basal y su distancia respecto de estructuras críticas. Con esta información se determina el tipo y tamaño de placa, la posición quirúrgica y el tiempo que deberá permanecer colocada.

Durante la cirugía, el cirujano identifica la proyección del tumor sobre la superficie externa del ojo y fija la placa en la ubicación previamente planeada. En algunas lesiones posteriores, donde el acceso es más complejo, la precisión técnica adquiere un valor particular. La placa se retira tras completar la dosis prescrita, en un segundo procedimiento programado.

El paciente puede experimentar ojo rojo, sensación de cuerpo extraño, inflamación palpebral o molestias transitorias después de la cirugía. Estas manifestaciones no sustituyen la vigilancia médica. Dolor intenso, disminución súbita de visión, secreción importante o inflamación progresiva deben reportarse de inmediato al equipo tratante.

Resultados: controlar el tumor y preservar la función visual

El objetivo primario de la braquiterapia es el control local del tumor. La preservación de la visión es un objetivo fundamental, pero depende de variables que no siempre pueden modificarse. Un tumor cercano a la fóvea o al nervio óptico puede comprometer la visión desde el diagnóstico o requerir que esas estructuras reciban radiación durante el tratamiento.

Por esta razón, el éxito no debe valorarse únicamente por la agudeza visual posterior. También se consideran la regresión tumoral, la ausencia de crecimiento local, la conservación anatómica del ojo, el control de complicaciones y la vigilancia sistémica cuando corresponde.

La respuesta del tumor suele observarse de forma gradual. El ultrasonido ocular permite medir cambios en el grosor de la lesión, mientras que la exploración clínica y los estudios de retina ayudan a identificar actividad tumoral, líquido subretiniano, hemorragias o cambios vasculares. Un tumor tratado puede conservar una cicatriz o una elevación residual sin que ello implique necesariamente actividad persistente.

Riesgos y efectos secundarios que deben vigilarse

La radiación dirigida reduce la exposición de tejidos sanos, pero no elimina por completo los riesgos. La probabilidad y el tipo de complicación dependen, sobre todo, de la localización del tumor, de la dosis recibida por las estructuras oculares y de las condiciones previas del ojo.

Entre los efectos que pueden aparecer meses o años después se encuentran la retinopatía por radiación, la maculopatía por radiación, la neuropatía óptica, catarata, glaucoma secundario, ojo seco, inflamación y hemorragia vítrea. Algunos pacientes pueden requerir tratamiento adicional, como inyecciones intraoculares para edema macular o procedimientos para controlar presión ocular elevada.

No toda pérdida visual posterior se debe al mismo mecanismo. Puede relacionarse con el efecto del tumor antes del tratamiento, con daño vascular inducido por radiación, con desprendimiento de retina, catarata o enfermedades oculares coexistentes. Distinguir la causa permite plantear intervenciones oportunas y expectativas realistas.

Seguimiento especializado: una parte esencial del tratamiento

Después de la braquiterapia, las revisiones tienen dos propósitos: vigilar la respuesta local del tumor y detectar complicaciones tratables antes de que afecten de forma irreversible la visión. Al inicio, las consultas son más cercanas; después, la frecuencia se ajusta según la evolución clínica, el tipo de tumor y los hallazgos de imagen.

La atención también puede requerir seguimiento sistémico. En melanoma uveal, por ejemplo, la vigilancia de otros órganos forma parte del cuidado oncológico integral, de acuerdo con la valoración del especialista. La continuidad entre oncología ocular, retina y oncología médica evita que el paciente reciba atención fragmentada.

El Dr. Emiliano Fulda Graue combina la subespecialidad en retina y oncología ocular, un enfoque especialmente relevante para valorar tanto el control tumoral como las estructuras responsables de la función visual. Esta integración permite atender las complicaciones retinianas que pueden surgir durante el seguimiento de tumores intraoculares tratados.

Cuándo solicitar valoración

Un diagnóstico de tumor ocular, una mancha elevada detectada en un estudio de retina, visión borrosa persistente, destellos, pérdida de campo visual o una lesión ocular que cambia de tamaño requieren una evaluación especializada. Estos síntomas no siempre corresponden a cáncer, pero tampoco deben atribuirse de forma automática a cambios por edad o graduación.

En pacientes con un diagnóstico ya establecido, conviene solicitar valoración pronta si existen dudas sobre el tipo de tumor, el crecimiento de la lesión, las alternativas de tratamiento o la conveniencia de braquiterapia. Llevar estudios previos, fotografías, ultrasonidos e informes médicos ayuda a reconstruir la evolución y tomar decisiones con mayor fundamento.

Ante un tumor ocular, el tiempo debe aprovecharse para obtener un diagnóstico preciso y un plan terapéutico claro. La prioridad es atender la enfermedad con rigor, proteger la visión cuando sea posible y acompañar al paciente y a su familia durante cada etapa del proceso.

La información proporcionada en el sitio web sirve para apoyar y no para reemplazar la relación entre un paciente y su médico.

Un comentario de “Braquiterapia ocular en México y sus indicaciones”

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